Desde siempre a las alemanas les ha gustado el pepino español. Su tamaño y el regusto que deja en el paladar nuestra voluminosa hortaliza, ha saciado durante años a las rubias "teutonas" que visitaban nuestras playas en agosto. Un verano cualquiera, en cualquier ciudad costera del sur de España, nos podremos encontrar a montones de alemanas buscando un pepino español que llevarse a la boca.
Quien quizás nunca se ha comido un buen pepino es la senadora hamburguesa (con ketchup) Cornelia Prüfer-Storks, ya que, como indica su nombre, estaba mas pendiente del higo hispano que pudiera comerse el marido que del pepino fálico que pudiera reventarle su lindo "E.culi".
El caso es que la acusación vertida por la Cornelia esta y su falta de rigor, dice muy poco de la presunta eficacia alemana y puede hacer un daño incalculable al sector agrícola español y andaluz. Por suerte, tenemos buenas plantaciones de nabos.
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